El Perdón


Antes de empezar con El Perdón, te invito a que, sino lo has hecho ya, que leas primero el anterior Blog: El Juicio. Estos dos movimientos están muy unidos, pues necesitamos, en muchas ocasiones, observar el "hecho" sin juicio, para así después poder practicar el Perdón.

La práctica del perdón nos libera de mucha carga emocional, es decir, de vivir desde el resentimiento o el rencor. Nos ayuda a mirar y sentir los hechos que nos sucedieron o a las personas que causaron dichos hechos desde la compasión y no desde el juicio.

¿Qué es y qué no es Perdonar?

Perdonar según el diccionario es: Olvidar [una persona] la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no guardarle rencor ni castigarla por ella, o no tener en cuenta una deuda o una obligación que otra tiene con ella.

Qué es para mí perdonar... Perdonar es aprender del hecho, observar mi parte de responsabilidad y actuar en consecuencia en la parte que a mí me corresponda. Estas dos definiciones del Perdonar no liberan al otro de su responsabilidad. Podemos pensar que al perdonar es darle la razón al otro, ceder, rebajarse..., y Perdonar no implica esto. Perdonar implica entender que Yo No Soy Juez. Mientras estamos en nuestra posición de juez, suceden varios hechos, por una parte constantemente vive en ti esa rabia, dolor que se creó incluso, hay en ti una necesidad de venganza o de que "la otra parte" entienda tu sentir, es decir, el hecho ya sucedió, ya pasó y recordándolo lo único que consigues es revivirlo una y otra vez, te conviertes en tu propio verdugo. Puede que sólo lo recuerdes de vez en cuando y esto es suficiente para condicionar tu estado emocional. Y por otra parte, estar en esta posición de juez nos impide observar cuál es el aprendizaje de la situación y así avanzar hacia tu propio éxito. Para poder observar el aprendizaje de una situación, cómo vimos en el blog anterior del Juicio, debemos estar "modo observador", salir del papel "víctima" y observar la realidad desde un punto de vista neutro.

Para perdonar debemos salir de los personajes que nos hemos creado por haber vivido un hecho, el papel de víctima y el papel de juez. En el papel de víctima lo único que consigo es hacerme daño a mi mismo cada día (pues ese hecho ya sucedió, hoy no está), y en el papel de Juez, me convierto en verdugo.

Ninguno de los dos personajes nos da aliento para calmar la emoción que se desencadenó en nosotros. La emoción sólo desaparece cuando hay comprensión, y esto es el Perdón.


Si tuviera que destacar dos acciones claves para transitar el perdón sería, como ya he detallado la comprensión, el aprendizaje que me aporta el hecho y la otra la compasión. Es imprescindible sentir compasión hacia el otro y hacia mí, pues la compasión está libre de juicio.

"Perdona, no porque la otra persona merezca el perdón. Sino por que tú SÍ mereces paz"

¿Cómo perdonar?

1. Perdónate a ti. Está en primer lugar, aunque será el último paso. Le doy esta posición para que recuerdes durante todo el ejercicio, que el objetivo es que tú te liberes. 2. Haz una lista con las personas que no puedas perdonar. Ayuda a ser consciente de las personas con las que tienes algo pendiente por resolver. Te recomiendo que vayas persona por persona, o hecho por hecho. 3. Expresa tus sentimientos en un papel. No me cansaré de repetirlo, expresarse por escrito es una manera de liberar emociones guardadas y transitarlas, y ya sabes, “Emociones expresadas, emociones superadas”, permítete liberar toda la rabia por escrito. 4. Busca los motivos de ese acto. La compasión es clave, entender que todos actuamos por una razón, aunque esa razón no sea aceptable por nuestros valores y creencias. 5. Escribe aquello que puedas agradecerle. El agradecimiento es una técnica muy poderosa. Agradecer a alguien que nos hizo daño o a nosotros mismos nos ayuda a liberar. Además, de entender más aún el aprendizaje que nos ha venido a mostrar. Por ejemplo: alguien que me falló, que me engañó, le doy las gracias porque me hizo más fuerte y aprendí a observar con quién hago un trato. 6. Utiliza afirmaciones como: “Te libero y te perdono”. Termina tu carta Te perdono, me perdono... Te libero, me libero. Recitar en voz alta el perdón puede ayudar a hacerlo más real y que lo acabes interiorizando de verdad. 7. Escribe lo que has aprendido. Es esencial ver lo que has podido aprender de esa situación para entender que todo tiene un motivo, una razón de ser, y en este caso, te sucedió esta circunstancia para poder aprender.

Deseo que te ayude en tu camino y a partir de hoy seas un poco más libre.

Perdonar nos permite sanar el alma y aligerar nuestra mente.


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Vanessa Pitarch

Terapeuta, formadora y Canalizadora

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